Jugar es un derecho de la infancia, el niño juega en todas las épocas, culturas y contexto, solamente en situaciones muy desfavorecidas y concretas el niño deja de jugar, como ocurría en los orfanatos del siglo XX.

Juego libre para niños

Todos aceptamos que el niño aprende jugando y que muchos de los aprendizajes de los primeros años se adquieren de forma natural jugando. Pero en nuestra cultura utilizamos la palabra juego para muchas cosas y no solo para el juego libre para niños que favorece el desarrollo natural.

El niño aprende jugando cuando el juego es libre, porque el juego parte de dentro de la persona, igual que cuando hablamos de movimiento, de desarrollo de la inteligencia o del aprendizaje, el que lo pone en marcha es el proprio niño, nadie lo puede imponer desde fuera, el juego parte del deseo.

En cambio, el entretenimiento viene desde afuera. Cuando un niño está frente un televisor o un bebé frente a un juguete de luces y pilas que funciona solo, puede estar entretenido y se puede estar divirtiendo, pero no está jugando.

Nosotros seguimos esta filosofía del juego libre para niños y por este motivo todos nuestros juguetes están deseñados exclusivamente para el juego. Son muy sencillos y por esto ayudan al desarrollo y a la estimulación del bebé.

El juego libre para niños, como el nombre indica, es elegido por el niño, ningún adulto es el que insinúa o le dice al niño a que tiene que jugar.

Cuando se programa en un aula a que deben de jugar los niños en un momento determinado; “hoy toca construcciones” o se “juega” por rincones, estableciendo el adulto a que deben jugar, en que orden, durante cuánto tiempo, en qué lugar y con quién.

No se está jugando, o por lo menos no se está favoreciendo el juego que permite el desarrollo natural del niño, es imposible o muy difícil que haya una implicación emocional en algo que es impuesto.

En el juego libre para niños no hay objetivos extrínsecos, cuando el niño se pone a jugar no ha planificado como acabará, no ha pensado por qué lo hace, no ha pensado si favorece una destreza u otra.

En el momento que el juego tiene metas, objetivos, una forma correcta o incorrecta de realizarse, se dirige desde fuera… ya no es un juego, es una actividad y es importante distinguir este matriz tan import6ante para no creer que lo que le proponemos muchas veces al niño en el aula es jugar.

El niño juega por jugar, sin buscar un objetivo, por el propio placer que le genera hacerlo.

Fijaos si es lista la naturaleza, que es la forma que tienen de aprender y lo difícil que le ponemos los adultos intentando interferir sus movimientos de juego con actividades y fichas, creyendo que lo que nosotros le proponemos es mucho más importante para su desarrollo y aprendizaje.

Y si el juego es libre sin objetivos, por supuesto no necesita que el adulto interfiera, el juego dirigido, no es juego, cuantas veces se “enseña” a jugar al niño, se le siguiere o se le dirige “por qué no pones esto aquí”, “si pones la más amplia no se caerá la torre”, “¿me haces un café?”; “dame un plátano”…

Y es que, el niño simplemente jugando:

  • Descubre su cuerpo.
  • Descubre el funcionamiento y las características de los objectos.
  • Ensaya, repite, se equivoca, se replantea situaciones y soluciona problemas, se adapta a las circunstancias cambiantes.
  • Descubre leyes de la física.
  • Desarrolla el pensamiento matemático.
  • Desarrolla la creatividad.
  • Vivencia aprendizajes.
  • Aprende a relacionarse con los demás.
  • Expresa e integra vivencias concretas, sentimientos, vivencias y preocupaciones.

Pero para jugar el niño tiene que tener la oportunidad y para ello necesita espacio, tiempo, objectos y otras personas.

Juego libre para niños

El juego evoluciona:

El juego evoluciona con el desarrollo del niño, de hecho, está muy unido al desarrollo de la inteligencia, cada vez se vuelve más complejo.

De la misma forma que cuando hablamos del movimiento o del desarrollo cognitivo, en el juego también pasan todos los niños por las mismas etapas a grande rasgo y en el mismo orden, pero cada uno, a un ritmo diferente, a su ritmo.